Segunda parte – Aprendiendo a Perdonar

APRENDIENDO A PERDONAR

Matutino de La Conquista Reflexion

Pr. Raúl Capellán

 

Mi maestra de grupo insistía: tú tienes que perdonar, es una decisión, no un sentimiento!!! Yo no entendía, no lo recibía en mi corazón porque todo mi ser estaba centrado en aquel dolor, en aquellas personas, en aquellos días… no los voy a perdonar jamás!!! Terminaba gritando y me retiraba sintiéndome vil y terriblemente decepcionada conmigo misma porque no podía sacarme ese aguijón del alma, ni nadie me podía ayudar.

Pasaron muchos días… Tantas veces me habían dicho que era una DECISIÓN, hasta que la idea fue tomando forma y aceptación en mi mente. Yo me preocupaba con ese asunto y pensaba mucho en eso, porque quería avanzar en las cosas de Dios y esa FALTA DE PERDÓN no me dejaba.

Un día me propuse (DECIDÍ) escudriñar en la Biblia sobre eso. Encontraba varios versículos relacionados con el tema "perdón" pero no me eran "convincentes". DECIDÍ que estaba dispuesta a perdonar pero no tenía idea cómo lograrlo. DECIDÍ que iba a encontrar la forma de hacerlo investigando y preguntando en todos lados, a todas las personas que pudiera hablar sobre eso. DECIDÍ que iba pedir más ayuda a Dios porque los sentimientos negativos me consumían por dentro, estaba muy dolorida y muy triste. DECIDÍ que iba hacer el sacrificio que fuera necesario para arreglar mi corazón, pues nada podría ser peor ni más doloroso que el dolor que yo ya experimentaba, entonces podría hacer cualquier cosa o soportar cualquier cosa si era para mejorar y sentirme mejor.

 

Ese día también DECIDÍ  "morir a mí misma". Lo primero que hice fue tomar mi ORGULLO y ECHARLO FUERA DE MI VIDA, RESISTIRLO, SACARLO, RENUNCIARLO y APLASTARLO BAJO MIS PIES EN EL NOMBRE DE JESÚS!!!! Era la piedra que más me molestaba cada vez que quería caminar.

Ah…. qué alivio no tener orgullo…. las primeras impresiones son raras… qué sensación tan distinta de soltura y libertad!!!! Yo pensaba que el orgullo era lo que me mantenía firme, sin embargo era lo que me pesaba más. Demoré 27 años para descubrirlo. Era una fortaleza engañosa, un verdadero bloqueo. Ahora me sentía liviana y me era mucho más fácil tratar con mis semejantes. ¿Por qué tengo que andar por la vida pensando que soy superior a los demás? Nunca me sirvió para nada ese tipo de mentalidad "basura", sólo me causó enemigos, soledad, decepciones y tristezas.

Comencé a practicarme en la humildad, qué sensación tan fresca y renovadora!!!! Cada vez que mi orgullo quería aparecer otra vez en escena… PAF!!! Lo ponía debajo del pie EN EL NOMBRE DE JESÚS y hasta que no dejaba de coletear no sacaba el pie!!!!

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